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Nicolás Pasquali tiene 32 años y es un auténtico trotamundos: le falta sólo conocer Corea del Norte, a un permiso de distancia. Entre secuestros, encuentros con talibanes y conflictos donde lo salvó la argentinidad, cuenta sus secretos para dar la vuelta al mundo.

Al lado de la puerta de su habitación en Buenos Aires, Nicolás Pasquali (32) tiene un bolso listo con ropa, unos cuantos dólares ahorrados y el pasaporte planchado. Apenas le confirmen que su permiso fue aprobado, tomará su teléfono, sacará un pasaje y saldrá directo al aeropuerto. Cada minuto cuenta, así que mejor aguantar las ganas para ir al baño. Su misión es llegar a Corea del Norte, último destino de su periplo mundial, y marcar un récord: ser el primer argentino en haber conocido los 196 países que conforman nuestro planeta.

Ese hermético país que tanta fascinación genera desde la perspectiva de Occidente, no fue elegido a propósito como la cinta de meta.

“No necesariamente es el más difícil de todos, pero me falta un documento para circular. Si me dan el ok, voy a tener una ventana de 48 horas para viajar. Me voy con la ropa puesta, es cábala”, confía Nicolás en diálogo con BioBioChile desde la casa que comparte con sus padres. Claro, por su estilo nómade de vida desde 2017, arrendar o comprar una vivienda sería ridículo.

Entusiasta como pocos, el joven transformó dar la vuelta al mundo en un plan de vida ya extendido por ocho años. Ahora, está a punto de ser el primer trasandino y la persona número 326 a nivel general en lograrlo.

“Cuando empezó todo esto, no tenía muy en claro que iba a ser posible. Con el tiempo se fue ajustando a la realidad, y hoy es un hecho. Si uno se esfuerza, todo es posible”, asegura Nico, quien reúne a unos 30.000 seguidores en Instagram (@nicopasqualiok), donde muestra en detalle sus experiencias por cada rincón de la Tierra.

Nicolás y su visión de Chile

Nicolás valora los paisajes y la calidez de la gente en Chile, donde estuvo en múltiples ocasiones, tanto como turista como jugador de tenis. Incluso hasta lo evaluó como posible destino final debido a la cercanía para que sus amigos pudieran acercarse a festejar. ¿Su lugar favorito? La Patagonia.

“Nosotros siempre hemos ido a Viña del Mar, pero lo que más me impactó del país es la Patagonia, mucho más atractiva que la parte argentina. Tiene las Torres del Paine, un paraíso en el planeta por su paz, naturaleza y riqueza de colores. Se respeta mucho al guía de turismo en Chile, no cualquiera lo es. En Argentina somos más laxos”, subraya el joven.

Más allá de las discusiones políticas y deportivas, la amistad entre ambos países unidos por la Cordillera es inquebrantable. “La realidad es que estamos todos en la misma bolsa, cómo se dividió al mundo fue siempre por un tercero discutiendo el poder”, reflexiona Nico.

“Chile tiene alemanes, italianos, galeses. Toda esa inmigración marca nuestra historia y te hace dar cuenta de que no existe la bandera ni lo político”, suma a la discusión acerca de dejar de lado las banderas ideológicas.

“Es un disparate, te van a matar”: cómo viajar por 195 países en ocho años

Cuando Nicolás les contó a sus seres queridos que quería visitar todos los países del mundo, las reacciones fueron negativas. Un amigo le dijo que era “un disparate”. Otro le cuestionó que era “imposible” porque -como todos nos preguntamos- “¿cómo lo vas a pagar?”. Y sus padres, al ver los posibles destinos del itinerario, le recordaron: “Ahí no se puede ir. Te van a matar”.

“Realmente cuesta creer en uno mismo, nadie te va a dar el voto de confianza, por eso fue clave haber creído desde el primer día”, rememora el joven de aquel momento en 2017, cuando concretó su primer viaje largo por Sudamérica, América Central y, luego, África.

Para solventar los gastos, Nico reunió capital desde los 19 años, justo en el trance del fin de la vida escolar y el inicio de la universitaria. Como licenciado en administración especializado en finanzas, supo invertir sus ahorros para que le dieran renta e hizo uso del instinto de supervivencia económica tan innato de los argentinos. El del rebusque, la “changa” y dormir entre cuatro y cinco horas por día.

Nicolás Pasquali
Nicolás Pasquali

Su talento para el tenis -llegó a disputar torneos importantes en Chile- lo aprovechó para dar clases. Lo mismo aplicó con sus conocimientos contables. Como un oficinista del montón, también se sentó en la ventanilla de un banco de 8 a 18 horas. Y cuando se hartó, repartió folletos publicitarios en la calle.

“En Argentina nos la rebuscamos. Tenemos un instinto de supervivencia mayor que otros países. Hay poco laburo y aprendemos a hacer malabares con poco”, reflexiona. Ya sea en avión, “a dedo” o en bici, abierto a cualquier aventura que se le presente en su camino.

“Entre 10 y 12 oportunidades de morir”: cómo sobrevivir a la vuelta al mundo

Nicolás Pasquali afirma que su capacidad de adaptación le sirvió para manejarse en situaciones extremas donde las probabilidades de morir, esas que tanto le advirtieron sus familiares, eran reales. De hecho, tiene su propio cálculo: “Por año, entre 10 y 12 oportunidades de morir”.

Lo secuestraron en Mauritania, apenas el segundo país africano donde hizo pie. Terminó preso en el Congo. Estuvo 11 días varado contra su voluntad en una isla inhóspita y sin nombre en Guinea-Bisáu. Conoció de cerca a dirigentes políticos, tanto los “democráticos” como los que mataron a Muamar el Gadafi en Libia.

Se hizo amigo de los talibanes y se enfrentó a piratas somalíes. Alguna vez, por hablar de Lionel Messi y la epopeya argentina de Qatar 2022, zafó en Irak de recibir una bala en la cabeza. Y otra, se salvó de morir sepultado por la arena durante una tormenta en el desierto de Arabia.
Nicolás con los talibanes
Nicolás con los talibanes, lo obligaron a decir “Dios es grande”.

En ocasiones, a la crisis pudo convertirla en una oportunidad. En marzo de 2020, la pandemia de Covid-19 lo agarró en Estados Unidos. Imposibilitado de volver a su país y sin privilegios diplomáticos, se quedó unos meses más y se largó a viajar en motorhome. Ya con la flexibilización de los protocolos, cruzó el Atlántico y celebró en el verano de Europa.

El mundial de fútbol de Qatar 2022 lo encontró en la isla de Samoa “en medio de la nada del Pacífico Sur”, donde un terremoto de magnitud 7.3 lo apuró a evacuar. Recaló en Hawái previo a tomar un vuelo al continente, pero aquel 18 de diciembre, tan glorioso para los argentinos, las cenizas del volcán Mauna Loa lo obligaron a quedarse en el aeropuerto de Honolulu y cancelar su regreso.

Cuando Gonzalo Montiel metió el penal que le dio a Argentina la Copa del Mundo, Nicolás gritó con tanta fuerza que lo escuchó otro compatriota en el piso de arriba del aeropuerto. Era inevitable salir a su encuentro: “Lo abracé más de lo que a mi mamá cuando llegué a Buenos Aires”.

A algunos lugares los visitó varias veces, ya sea por gusto o para darles una nueva oportunidad. Por ejemplo, la actual foto de perfil de Nicolás en las redes sociales exhibe una de sus revanchas. Se lo ve con el rostro cubierto de mineral de hierro, muy difícil de distinguir si no fuera por su implacable sonrisa. El escenario es el Iron Ore Train, considerado “el tren más peligroso del mundo”. Ilegal, tóxico y en medio del desierto en Mauritania, país con el que hizo las paces después de haber quedado al borde de la muerte.

En abril de 2019, Nicolás había salido de Marruecos a Mauritania, cruzando por un territorio en disputa. El camino desértico por Sahara Occidental fue “a dedo”. No había señalización ni tampoco acceso a la red telefónica. Pero la amenaza no estaba en el exterior, sino al lado suyo: los conductores que lo llevaban gratis. Se lo dejó claro una bandera terrorista en la pantalla del celular de uno de los extraños.

Tras atravesar un camino minado, el argentino terminó secuestrado tres días dentro de una choza. Como su árabe era aún precoz, nunca supo si los captores querían plata, sumarlo a sus tropas o directamente volarle la cabeza. Así que, durante un traslado, se tiró del auto en movimiento, y un camionero en la ruta lo llevó de vuelta a la civilización.

En Peshawar (“ciudad de los hombres”), una ciudad del norte de Pakistán donde las mujeres no salen a la calle, Nicolás conoció al fabricante de armas de los talibanes y al confundador del movimiento, Abdul Ghani Baradar, quien firmó el acuerdo de Doha sobre la retirada de Estados Unidos en Afganistán. El mismo dirigente le firmó una carta de visado para entrar y entablar amistad con el pueblo pastún, evitando así que atentaran contra su vida.

Nicolás con el fabricante de armas de los talibanes.
Nicolás con el fabricante de armas de los talibanes.

“Me invitaron a casamientos, a conocer a los ‘suicide bombers’ antes de que revienten por los aires y, como vas a aprender de ellos, te tratan como un jeque. Tal como dice el código de hospitalidad de los beduinos”, recuerda el joven.

Como mínimo, Nicolás tiene cinco experiencias para contar en las que ser argentino le salvó la vida. “Los permisos los conseguís hablando con la gente. No es poner un pie nomás, yo quiero conocer de verdad el lugar”, expresa.

Cuando estuvo preso en Irak fue por cruzar de una provincia a otra, pero a los militares no les convenció su aspecto ni el taxi sin autorización. “¿Y vos cómo llegaste acá?”, le preguntaron los iraquíes. “Yo todo cubierto de barro no les convencía. ‘Soy argentino’, les decía, pero no les cerraba mi historia”.

Nicolás detenido en Irak
Nicolás detenido en Irak

Incluso pensaron que Nicolás era un espía italiano, así que le trajeron un traductor. La charla giró hacia Messi y los penales en Qatar 2022. Una vez en el calabozo, el argentino hasta jugó al backgammon con el carcelero.

“Buscaban un paracaídas en mis cosas. Fui acusado de hacer espionaje para el gobierno italiano porque aparentemente sabía muchas cosas. Pero terminamos súper amigos”, una vez que se aclaró la falsa amenaza.

Tras un pedido de disculpas, Nico fue llevado a bordo de un tanque a la casa de un amigo, a quien los uniformados le dijeron: “Cuídalo, que es argentino”.

Para este incansable trotamundos, “es impresionante el grado de sociabilización que uno alcanza estando solo. Cualquiera de nuestros padres nos diría ‘no hables con extraños’, pero hay que cambiar la perspectiva”.