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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Abuelita de 83 años, Brigitte Stegemann, fue sometida a eutanasia sin consentimiento en Canadá. A pesar de haber rechazado previamente el programa de asistencia médica para morir, se procedió con el proceso mientras su lucidez estaba deteriorada por el cáncer. La familia denunció la muerte sospechosa y la falta de cobertura mediática en Canadá. La polémica ha llegado al Parlamento, donde se discute la prohibición de utilizar enfermedades mentales como motivo para la eutanasia.

Dos días antes de morir, su nieta le preguntó a Brigitte Stegemann: “¿Sabía que el viernes iba a morir?”. La anciana de 83 años, a quien su familia llamaba “GG” u “Oma”, no tenía ni idea.

“Cometí un error”, repitió entre lágrimas, y dos días después, estaba muerta.

Eutanasia sin consentimiento

Stegemann padecía un cáncer de estómago en etapa cuatro y vivía desde hacía dos años en The Pearl, un centro de cuidados de larga estadía en Ontario. Según relató su nieta y apoderada legal, Brigitte Kranendonk, al medio británico Daily Mail, su abuela había rechazado previamente la idea de usar el programa de asistencia médica para morir, conocido como MAID por su sigla en inglés.

Se trata de un programa, legal en Canadá desde 2016, que permite a personas con enfermedades graves e irremediables solicitar que un médico ponga fin a su vida mediante una inyección letal. Sin embargo, la familia sostiene que Stegemann, debilitada por el cáncer, ya no tenía la lucidez necesaria para tomar esa decisión cuando finalmente “accedió”.

En una prueba cognitiva realizada para determinar si estaba en condiciones de consentir el procedimiento, Stegemann falló cada pregunta y llegó a decir que creía que dos de sus hermanos vivos ya habían muerto, según la versión de su nieta.

Pese a esas señales de alarma, el New York Post relató que, el día fijado, el 10 de julio, el personal médico habría aprovechado el estado de confusión de la mujer para seguir adelante con el procedimiento, sin que ningún familiar estuviera presente al momento de la firma del consentimiento.

Un procedimiento lleno de sangre

La enfermera tuvo serias dificultades para insertar la vía intravenosa con el cóctel letal, pinchando repetidamente un brazo antes de intentar con el otro.

“Había una cantidad increíble de sangre. Estaba por todo el brazo de mi Oma, por todo su camisón, empapando la almohada, por las sábanas“, contó Kranendonk entre lágrimas, y agregó que la enfermera ni siquiera llevaba guantes puestos.

Luego entró un médico. Le preguntó a Stegemann si podía administrarle su “medicina”. Según la nieta, la anciana permanecía inmóvil, con los ojos cerrados, sin emitir sonido. “Y el doctor simplemente dijo: ‘Bien, voy a proceder"”.

Diez minutos después, Brigitte Stegemann estaba muerta, con las manos juntas como en oración.

El escándalo llega al Parlamento

Tras su muerte, la familia presentó denuncias ante la oficina del médico forense jefe de Ontario, el defensor del paciente (ombudsman) y la policía. Ante esto, un vocero policial confirmó que el caso está abierto y bajo investigación.

Pero el caso llegó hasta la Cámara de los Comunes, donde un diputado conservador presentó una petición ciudadana y calificó el sistema de “una vergüenza nacional”.

El parlamentario dijo estar pensando “en el contexto de esta petición sobre coerción en la MAID”, que la mujer de 83 años “fue asesinada en circunstancias muy sospechosas”.

Además, el diputado acusa que la historia no ha sido cubierta por ningún medio de prensa en Canadá. Al realizar una búsqueda en los principales medios locales, ninguno tiene información al respecto.

Por otro lado, otros diputados presentaron peticiones a favor de un proyecto de ley que busca prohibir de forma permanente que la enfermedad mental sea, por sí sola, motivo suficiente para acceder a la eutanasia.

Una ley que crece cada año

La asistencia médica para morir no es un trámite menor en Canadá: según cifras oficiales citadas por el medio francés Planet, hubo 16.499 muertes por este método en 2024, lo que representa un 5,1% de todas las muertes registradas en el país ese año, frente al 4,7% del año anterior.

El New York Post calcula que, en una década de vigencia, el programa ha costado unas 100.000 vidas, lo que equivale a una de cada veinte muertes en Canadá.

Este crecimiento sostenido es justamente lo que preocupa a organizaciones de personas con discapacidad y a sectores religiosos, que temen que pacientes vulnerables —ancianos, personas con deterioro cognitivo o en situación de pobreza— terminen aceptando la muerte por falta de alternativas de cuidado, y no por una decisión verdaderamente libre.

Para graficar, Francia promulgó en agosto de 2026 su propia ley de derecho a la ayuda a morir, pero exige una evaluación colegiada obligatoria y ordena interrumpir de inmediato el procedimiento ante la más mínima duda o pérdida de capacidad de expresión del paciente.

La demanda de una familia

Para Kranendonk, lo ocurrido no fue un error aislado, sino la falla de todas las barreras que deberían haber protegido a su abuela.

“Mi abuela era una persona mayor vulnerable a quien le fallaron los médicos y el centro cuando saltaron cada salvaguarda puesta para protegerla: desde evaluar su capacidad mental, hasta obtener un consentimiento final claro antes de actuar, y el centro llenando el papeleo y haciéndola firmar cuando nosotros no estábamos presentes”, declaró, según consignó The Sun.

¿Cómo hicimos esta nota?

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