En las últimas semanas, los astrónomos Premios Nacionales de Ciencias Exactas Teresa Ruiz y José Maza alertaron en diarios de distribución nacional sobre la posible construcción de una planta de hidrógeno verde: el proyecto INNA de AES Andes.
Este estaría a solo 7 kilómetros de una de las zonas más importantes del mundo para la astronomía, Cerro Paranal del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés), un verdadero templo de la astrofísica.
El jueves pasado, ESO hizo pública esta amenaza, advirtiendo que se estaría perdiendo un patrimonio irremplazable para la humanidad, lo que crea un precedente para que todas las agencias astronómicas que utilizan suelo chileno estén alertas.
Hidrógeno verde vs. estrellas: el cielo chileno en peligro
Pese a que el desierto de Atacama concentra prácticamente el 60% de la infraestructura astronómica mundial, gran parte de la población chilena desconoce por qué estos avanzados laboratorios se encuentran en nuestro país y no en sus países inversionistas.
Nuestra geografía extrema, clima único, posición estratégica en el hemisferio sur y baja contaminación lumínica son factores críticos. Pero la legislación chilena es
-usando un término políticamente correcto- débil e incluso permisiva, para los estándares que requieren estos observatorios. He ahí la gran preocupación que esto genera.
Chile necesita innovación para su desarrollo, y estos observatorios están a la vanguardia de los avances científicos. Por ley, estudiantes e investigadores nacionales tienen acceso a estas instalaciones, ganándose el respeto de la comunidad científica internacional, a pesar de contar con un presupuesto muy limitado para desarrollar su ciencia.
La capital de la astronomía del mundo en riesgo de perder su brillo estelar
Pensemos en la imagen que proyectaríamos a la Unión Europea y a Estados Unidos, los principales inversores astronómicos, si no cumplimos con nuestra promesa de preservar estos prístinos cielos.
Si no se ajusta la normativa lumínica, las únicas estrellas visibles desde nuestro país serán el Sol y la de nuestra bandera ondeando incómoda entre las olas de calor y la vergüenza internacional.
El desarrollo económico y el avance tecnológico deben -sin duda- convivir armónicamente, pero esta instalación, sus características y su cercanía a nuestra ventana al universo, ponen en serio riesgo que Chile siga siendo llamado: la capital de la astronomía del mundo.
