Los “puentes” históricos entre Chile y Venezuela son el testimonio de un intercambio cultural profundo, de vínculos que han trascendido fronteras físicas y políticas.
Los avances técnicos en la ingeniería han deslumbrado al mundo con la construcción de sofisticados puentes, diseños que, hoy en día, conectan naciones. Ejemplos como el “Puente de los Tres Países”, que se extiende por 238 metros sobre el río Rin, uniendo a Francia, Alemania y Suiza. O el “Puente de la Amistad”, que cruza las aguas del río Miño con sus 430 metros, conectando a España y Portugal.
Sin embargo, existen otros puentes, no menos significativos, que se han levantado a lo largo de la historia, cimentados en los lazos humanos y culturales, y que se extienden por miles de kilómetros. Uno de esos puentes ha sido construido, a lo largo de los siglos, por chilenos y venezolanos.
Una historia en común
Aunque Chile y Venezuela no comparten una frontera terrestre, han sido a lo largo del tiempo, sus pueblos los que han estrechado los lazos entre ambas naciones.
Ya a comienzos del siglo XVII, en el contexto de la formación de las sociedades hispánicas en el Nuevo Mundo, don Alonso Briceño, teólogo y filósofo franciscano nacido en Santiago de Chile en 1587, fue designado Obispo de Caracas en 1659. Sin embargo, falleció en Trujillo (Venezuela), mientras viajaba para asumir su diócesis.
A fines del siglo XVIII, el joven Bernardo O’Higgins, nacido en Chillán, encontró en Londres al experimentado caraqueño Francisco de Miranda, y juntos tejieron una relación de amistad y un compromiso común con el destino de América.
El siglo XIX profundizó estos lazos, con figuras como el presbítero santiaguino José Cortés de Madariaga, quien jugó un papel relevante en los primeros años de la independencia de Venezuela, y el coronel caraqueño Juan Paz del Castillo, quien participó en la Batalla de Maipú el 5 de abril de 1818, durante la guerra de independencia de Chile.
Sin duda, uno de los constructores más destacados de este puente fue don Andrés Bello (1781-1865), gigante del pensamiento americano, cuya obra marcó la historia de ambas naciones. Entre sus logros destacan la fundación de la Universidad de Chile (1843), la creación del Código Civil (1855) y la redacción de su Gramática de la lengua castellana, entre otros.
Intercambios culturales
En el siglo XX, los intercambios humanos y culturales entre Chile y Venezuela cobraron nueva vitalidad. Figuras como Félix Armando Núñez Beauperthuy, poeta y profesor de la Universidad de Concepción, y Mariano Picón Salas, historiador y académico de la Universidad de Chile, fueron claves en este intercambio intelectual. Además, dos aportes chilenos significativos dejaron su huella en Venezuela: la misión militar liderada por el coronel Samuel McGill, que influyó en la modernización de la instrucción castrense venezolana, y las misiones pedagógicas chilenas que contribuyeron a la fundación del Instituto Pedagógico Nacional en 1936, hoy Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), institución formadora de profesores.
Un puente aún más significativo fue construido por mujeres. La amistad y el intercambio intelectual entre la poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957) y la novelista venezolana Teresa de la Parra (1889-1936) marcó una época en las letras iberoamericanas. Ambas escritoras se conocieron en París en la década de 1920 y legaron voces únicas a la literatura del continente.
Más aún, la escritora chilena Isabel Allende, residente en Venezuela, escribió su famosa La casa de los espíritus (1982) en este país. Mientras que el vocalista de La Ley, Beto Cuevas, también vivió en Caracas. Además, el destacado filósofo y folclorista Gastón Soublette es descendiente del prócer venezolano Carlos Soublette.
Los movimientos migratorios
Las crisis políticas que afrontaron ambos países durante los siglos XX y XXI resultaron en un flujo migratorio que estrechó aún más los lazos chileno-venezolanos. Miles de chilenos buscaron refugio en Venezuela durante las décadas de 1970 y 1980, y, más recientemente, miles de venezolanos han llegado a Chile, emigrando de la situación política y social de su país.
Estos movimientos migratorios, aunque marcados por dificultades y desarraigos, también han sido una prueba de la capacidad de los pueblos para conectar, no solo por geografías compartidas, sino por la solidaridad, la amistad y el compromiso humano.
Los “puentes” históricos entre Chile y Venezuela son el testimonio de un intercambio cultural profundo, de vínculos que han trascendido fronteras físicas y políticas. En la actualidad, los lazos chileno-venezolanos se han fundido en familias, matrimonios, hijos y descendientes, que demuestran la empatía, la amistad y la cordialidad humana.