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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El alto el fuego entre Estados Unidos, Israel e Irán enfrenta riesgos por disputas militares, energéticas y nucleares. A pesar de iniciarse conversaciones, la tensión persiste. Israel atacó a Hezbolá en Líbano, desafiando el acuerdo, lo que podría romper la tregua. También se han cerrado rutas marítimas clave, como el estrecho de Ormuz, afectando el comercio de petróleo.

El alto el fuego entre Estados Unidos (EEUU), Israel e Irán entra en zona de riesgo por disputas militares, energéticas y nucleares.

A ello se suman ambigüedades en el propio pacto y presiones políticas internas que dificultan el avance hacia negociaciones sustantivas.

Para este fin de semana está previsto el inicio de conversaciones entre las partes, según lo anunciado por Pakistán, principal mediador del acuerdo. Y el premier israelí, Benjamin Netanyahu, también dio luz verde este jueves para el inicio de negociaciones directas con Líbano. Pero los múltiples focos de tensión hacen que el alto el fuego penda de un hilo.

Pese al reciente anuncio de Netanyahu, el principal factor de inestabilidad se encuentra en Líbano. Israel lanzó los ataques más intensos contra Beirut y el sur del país desde el inicio de la escalada actual, el miércoles 8 de abril, precisamente en el primer día de tregua con Irán.

Sus acciones dejaron más de 200 muertos y más de mil heridos solo en esa jornada, indicó el Ministerio de Salud libanés. La magnitud de los bombardeos, que incluyeron zonas densamente pobladas y provocaron escenas de devastación, ha puesto en duda la viabilidad del alto el fuego apenas horas después de su anuncio.

La disputa gira en torno a si el acuerdo incluía o no el frente entre Israel y Hezbolá. Israel y Estados Unidos sostienen que el Líbano quedó fuera de la tregua, mientras que Irán, Pakistán —que actuó como mediador— y varios países europeos afirman que el alto el fuego debía abarcar toda la región.

Esta divergencia no es menor. Para Teherán, los ataques contra Hezbolá —uno de sus principales aliados regionales— constituyen una violación directa del acuerdo.

En las primeras horas de este 9 de abril, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, advirtió que la continuidad de los bombardeos tendría “respuestas contundentes”, mientras el Gobierno israelí reiteraba que continuaría atacando con “fuerza, precisión y determinación”.

El Centro Soufan, un grupo de análisis con sede en Nueva York, advirtió que incluso si el Líbano no estuviera formalmente incluido, la magnitud de los ataques israelíes puede interpretarse como una escalada que amenaza la tregua.

Además, Israel dejó claro que considera el alto el fuego con Irán como una oportunidad operativa. Funcionarios israelíes señalaron que, al reducirse las operaciones sobre Irán, la Fuerza Aérea pudo concentrarse en Líbano, intensificando la ofensiva contra Hezbolá.

La situación sobre el terreno se ha deteriorado aún más. Israel amplió las órdenes de “evacuación” en Beirut, atacó suburbios del sur y zonas cercanas al aeropuerto, mientras Hezbolá respondió con ataques contra fuerzas israelíes. La dinámica de acción y reacción aumenta el riesgo de una escalada regional que podría arrastrar nuevamente a Irán al conflicto.

El segundo foco crítico es el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. Los ataques israelíes y estadounidenses causaron un cierre de facto de la vía marítima por parte de Teherán y la tregua no ha cambiado significativamente la situación.

Agencias semioficiales iraníes difundieron gráficos que sugerían la colocación de minas navales por parte de la Guardia Revolucionaria, lo que incrementó la incertidumbre sobre la seguridad de la ruta. En las primeras 24 horas del alto el fuego, apenas seis buques cruzaron el estrecho, muy lejos de los cerca de 140 que lo hacían habitualmente.

Más de 230 petroleros permanecían esperando para cruzar, según autoridades energéticas de Emiratos Árabes Unidos, mientras los precios del crudo continuaban en niveles elevados. El Brent alcanzó los 98 dólares, un incremento del 35% desde el inicio del conflicto, y algunas refinerías pagaron niveles cercanos a los 150 dólares por barril.

Irán condicionó la normalización del tráfico a que Estados Unidos reduzca su presión militar y a que Israel cese los ataques en Líbano. De este modo, el estrecho se ha convertido en un instrumento de negociación clave.

Además, Teherán plantea la posibilidad de establecer un sistema de cobro para el tránsito de buques, lo que alteraría décadas de libre navegación y consolidaría su influencia sobre uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.

Más allá de las tensiones inmediatas, el principal obstáculo estratégico sigue siendo el programa nuclear iraní. Estados Unidos exige el fin total del enriquecimiento de uranio y la eliminación de las reservas existentes, mientras Irán insiste en que su programa es pacífico y reclama el derecho a continuar con el enriquecimiento.

Se estima que Irán mantiene más de 400 kilogramos de uranio enriquecido cerca del grado armamentístico, a pesar de los ataques estadounidenses e israelíes. El jefe de la agencia nuclear iraní reiteró que proteger ese derecho es “necesario” para cualquier negociación.

Washington también exige que Irán abandone su programa de misiles y deje de apoyar a grupos aliados en la región. Teherán, por su parte, reclama el levantamiento total de sanciones y el reconocimiento de su influencia regional.

Las posiciones reflejan una brecha difícil de cerrar.