Durante los últimos días, hemos observado una tendencia muy particular que se ha hecho viral entre los políticos chilenos y que bien vale la pena analizar.
Esta es la escogencia de fotografías e imágenes para convertirlas en ilustraciones al estilo Ghibli, que son luego publicadas en sus plataformas digitales. Lo que a primera vista puede parecer un guiño estético inofensivo, en realidad refleja una estrategia comunicacional que tiene como objetivo, aunque quizás de manera superficial, generar mayor tráfico en sus redes sociales y establecer conexiones más cercanas y profundas con sus seguidores e internautas.
Imágenes Ghibli, política y marketing
La estética encantadora y nostálgica de Studio Ghibli, famosa por su animación emocionalmente resonante y sus historias profundas, ha sido utilizada por diversas figuras políticas de nuestro país y del mundo entero para matizar indirectamente su imagen, evocando familiaridad, cercanía, transparencia, frescura y confianza en el electorado.
Sin embargo, de esta tendencia emerge un problema. La política, en su esfuerzo por generar mayor conexión con los votantes, es muy proclive a caer en modas pasajeras sin que estas tengan un enfoque claro, además de efectividad e impacto en el electorado. De igual modo, esta dinámica se ha visto reflejada en el propio Congreso Nacional a la hora de priorizar temas de la agenda legislativa. La forma en que esta se configura muchas veces se ve influenciada por la contingencia mediática, donde muchos temas se priorizan no necesariamente por su relevancia, sino por el impacto que puedan generar en la opinión pública.
Esta práctica, bastante discutible, puede hacer que los políticos, como en el caso del uso de imágenes Ghibli, se enfoquen más en lo que resulta atractivo para los medios de comunicación que en las necesidades reales de la población. Por lo tanto, el mayor riesgo que se corre es que temas de trascendencia social mayúscula queden relegados al olvido, mientras se persiguen temas virales que prometen captar la atención inmediata del público, generando así una desconexión progresiva entre las auténticas preocupaciones de la ciudadanía y la respuesta política que deberían recibir.
¿Estrategia comunicacional?
Cuando revisamos la literatura existente sobre estrategias de marketing político, encontramos un extenso y variado material de análisis y estudio, que abarca desde el uso de las redes sociales hasta la creación de identidades visuales coherentes para las campañas. A pesar de ello, no hay estudios concluyentes que demuestren que campañas con un fuerte componente estético, como el fenómeno de Studio Ghibli, logren un aumento tangible y significativo en la confianza del ciudadano común o un cambio en la percepción que tiene la ciudadanía acerca de las figuras políticas del momento.
Esta falta de evidencia consistente acerca de la efectividad real de dichas estrategias plantea una profunda divergencia sobre si estas realmente logran una conexión auténtica con las personas a quienes se quiere llegar, o si, por el contrario, son simplemente una moda pasajera que podría, incluso, perjudicar la percepción pública que tiene la ciudadanía sobre los políticos y el manejo de las prioridades políticas.
La estética no debería tener mayor importancia que el contenido, la profundidad y la relevancia de las propuestas y proposiciones de los políticos de turno. Las imágenes no deben desplazar el diálogo fundamentado y la solidez de las propuestas. Enfocarse más en la imagen y la calidad de la misma para captar la atención del electorado hace que el contenido pase a un segundo plano y con ello la calidad de las políticas públicas.
Resulta verdaderamente importante que los actores políticos evalúen de manera profunda y crítica si optar por este tipo de modas mediáticas, centradas más en lo estético que en lo programático, mejora o entorpece la conexión que debe existir con quienes aspiran a representar y sus potenciales electores. La auténtica conexión con la ciudadanía debe ir más allá de una tendencia viral; esta conexión debe ser profunda y clara, y ello se logra con una comunicación efectiva, con propuestas coherentes y con un diálogo constante y sincero.
Los líderes deben ser capaces de articular ideas y enfrentar los problemas y los desafíos sociales con soluciones claras y sustanciales. La utilización del estilo Ghibli debería ser una herramienta entre muchas otras, utilizada estratégicamente para mejorar la capacidad que tienen los políticos para vincularse emocionalmente con sus comunidades sin perder de vista el contenido esencial.
Esta reflexión nos lleva a comprender más a fondo si las estrategias inspiradas en Ghibli son más que un simple ejercicio de estilo y si realmente contribuyen a crear una relación más sólida y significativa con los ciudadanos. Como vimos unos párrafos atrás, existe una diferencia muy importante entre captar la atención con imágenes llamativas y construir una relación basada en confianza, compromiso y comprensión mutua. Por ello, es importante destacar que las imágenes son un complemento importantísimo, pero no un sustituto de las políticas y el diálogo que impulsen una verdadera diferencia en la sociedad.
