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Carolina, una rata gigante africana, se jubiló tras 7 años de trabajo en APOPO, organización sin fines de lucro que combate la tuberculosis en Tanzania y Etiopía. Con su agudo sentido del olfato, Carolina detectó 3.000 casos de tuberculosis que los hospitales habían pasado por alto, evitando unos 30.000 contagios.
En noviembre pasado, tras 7 años de arduo trabajo, Carolina, una rata gigante africana, se jubiló, no sin antes salvar a miles de personas de contraer tuberculosis. Ella y sus colegas ratas celebraron con un pastel.
Carolina no es una rata cualquiera, es especial porque con su increíble sentido del olfato y sus habilidades cognitivas, puede detectar la tuberculosis en muestras más rápido que los humanos en los laboratorios.
De acuerdo con National Geographic, Carolina, y otras ratas como ella, pueden analizar 100 muestras de esputo (flema) y encontrar tuberculosis en solo 20 minutos, mientras que las muestras en laboratorios tardan unos 4 días en procesarse.
Carolina, que pertenece a la organización sin ánimos de lucro APOPO, que combate la epidemia de tuberculosis en Tanzania y Etiopía, desde que comenzó a trabajar detectó unos 3.000 casos de esta enfermedad, que los hospitales habían pasado por alto.
Esto último significa que evitó aproximadamente 30.000 otros contagios, y como ella, hay otras 39 ratas de APOPO que cumplen la misma función.
De hecho, Carolina y sus compañeras han aumentado la detección de tuberculosis en un 40% de las clínicas locales en países de África Oriental, donde los análisis de laboratorio solo tienen un 20%-40% de precisión y los test rápidos precisos son poco accesibles.
Así, las ratas de APOPO, solo el año pasado evitaron casi 400.000 nuevos casos en Tanzania y Etiopía. Esto ya que se calcula que por cada infección detectada, se puede evitar el contagio de entre 10 a 15 personas.
“No solo estamos salvando la vida de la gente, sino que también estamos cambiando las perspectivas y aumentando la concienciación y el aprecio por algo tan humilde como una rata“, señala, Tefera Agizew, médico y jefe de tuberculosis de APOPO
Carolina, la rata, y sus compañeras que salvan el día
“Nuestras ratas son nuestros colegas, y realmente las vemos como héroes”, comenta Cindy Fast, neurocientífica y jefa de adiestramiento de la organización.
Resulta que las ratas africanas gigantes, a diferencia de otras especies de roedores, son tranquilas y muy fáciles de adiestrar, además, tiene algo que podría llamarse “superolfato”, ya que pueden detectar media gota de cloro en un cuerpo de agua equivalente a 20 piscinas olímpicas.
HeroRATS, el programa de APOPO que entrena a las ratas, partió en los 90 para detectar minas terrestres que quedaron de la guerra. Esto porque pueden oler el TNT hasta 20 centímetros de profundidad y son tan livianas que no activan las bombas.
Luego, comenzaron a usarse para la tuberculosis. El equipo recolecta muestras que dieron negativo en los hospitales y así las ratas como Carolina las huelen y encuentran casos positivos que habían sido descartados. Una vez que una rata encuentra un positivo, APOPO usa un método más preciso para confirmarlo.
A veces las ratas incluso detectan positivos que APOPO luego descarta, pero resulta que al hacer seguimiento al paciente, en algunos casos estos presentan tuberculosis tiempo después, lo que indica que las ratas incluso pueden detectar la infección en etapas muy tempranas.

“Se toman miles y miles de muestras, porque la rata no solo huele la bacteria, sino también a cada persona. Huele lo que has desayunado. Huele el autobús sucio en el que has venido al ambulatorio. Así que la rata tiene que aprender, no a identificar al individuo, sino la presencia de esa bacteria”, explica Fast.
Además, las ratas disfrutan su trabajo, especialmente la parte en que reciben premios (comida). Para que una se convierta en detectora oficial, tiene que evaluar 500 y no pasar por alto a ningún paciente con tuberculosis, si lo logra, está lista para trabajar.
Tamasha, otra rata como Carolina, es la nueva favorita ahora. “Hace un bailecito de felicidad (cuando le toca trabajar), como si saltara y no pudiera esperar a empezar el juego. No importa cuántas muestras de pacientes le dé (alrededor de 100 al día, de lunes a viernes), lo hace muy rápido y con mucha precisión. Y cuando termina, protesta. La saco de la jaula y chilla, chilla, chilla. Quiere seguir trabajando”, cuenta la neurocientífica.
Ahora, Carolina vive sus días retirada en un recinto donde es cuidada y puede salir al aire libre, allí también está Gilbert, otra rata ya jubilada. En APOPO estos roedores pueden trabajar hasta 7 años, ya que suelen vivir aproximadamente 10 en cautiverio.
“Algunos miembros del equipo se dedican cada semana a hacerles juguetes nuevos, solo para mantenerlas activas y comprometidas”, señala Fast.
Además, cuando una rata se jubila, le hacen una pequeña fiesta. “Hemos hecho pasteles de zanahoria especiales para ratas, con cacahuetes y cosas que a las ratas les gusten. Luego nos ponemos todos alrededor y aplaudimos, damos tres hurras, hip hip hurra por el héroe, y lo celebramos juntos. Es un momento muy emotivo”.